sábado, 17 de septiembre de 2011

Y que mi luz te acompañe...

A lo largo de este gran caminar que es la vida nos cruzamos y cruzaremos (futuro incierto) con muchas personas. Algunas de ellas harán el camino mucho más fácil y sencillo, mientras que otras intentarán colocarnos una (o varias) molesta piedra que nos impida andar con los pies seguros y sin miedo a tropezarnos.

La primera clase de personas, las que nos dan su mano para continuar por este (arduo) camino, serán de gran ayuda en los momentos en los que las personas que nos impidan andar hagan acto de presencia. Es una complementación en toda regla: necesitamos a las dos clases para poder andar el camino. Si nos ponen piedras pesadas pero no tenemos quien nos ayude a retirarlas, caeremos sin remedio; y si no nos ponen esas rocas y andamos de la mano de la buena gente, nunca nos daremos cuenta realmente de lo que de verdad valen estas personas.

Es decir, en el mundo hace falta que haya gente buena para que haya gente malvada, y al contrario igual. Son mundos paralelos, se necesitan para sobrevivir. Un ejemplo claro lo encontramos en la serie Lost (bendito vicio): Jacob, el bueno de la historia necesita a Samuel, a su hermano malvado, el "antiJacob", para poder sobrevivir, y al contrario también. De hecho, según las reglas de juego de la Isla no se pueden matar ni anular entre ellos, ya que el orden natural de las cosas desaparecería. Es por ello que tenemos que agradecer a la gente que nos ayuda a andar el camino, pero también a los que nos ponen obstáculos, ya que son ellos quienes nos hacen ver que de verdad tenemos apoyos en la vida.


Y que mi luz te acompañe...

Hay que volar libre...

La vida se puede resumir (vagamente) en un ir y venir de emociones y sensaciones que hacen que nuestra existencia tenga sentido o no. Las cosas que hacen que cada día sea distinto (incluso cuando se empeña en no parecerlo) son las que nos motivan a seguir hacia delante, con un camino más o menos lleno de objetivos, o son las que nos hacen tirar la toalla en los momentos más difíciles de nuestra vida.

En cualquiera de los dos casos, que nadie tenga ninguna duda. Nuestra existencia siempre tiene sentido, aunque pensemos lo contrario (pesimistas desgraciados) y que estamos aquí por una razón. No me refiero al destino, ni a un ser superior que nos mueve como fichas de ajedrez, ni nada por el estilo. Me estoy refiriendo a que esa "razón" son los sueños (benditos protagonistas de mi proyecto bloguero) que nos marcamos día tras día, y no ponerles problemas, dejarlos volar libres, para que un día alguien pueda también cogerlos y disfrutar de esos sueños y de la lucha que supone el intentar conseguirlos hasta la saciedad.

Extremoduro, en una de sus canciones, dice: Quisiera que mi voz fuera tan fuerte que a veces retumbara en las montañas. Desde aquí os animo a que toméis esta frase como una filosofía de vida. Hay que hacerse escuchar, hay que luchar por lo que deseamos y hacer que nuestra voz y nuestros sueños lleguen bien lejos, hasta que un día el eco nos diga que lo hemos conseguido, porque ya ha rebotado la voz en la montaña más lejana.




Hay que volar libre...

jueves, 15 de septiembre de 2011

Y todo era reír y correr vestido de indio o de vaquero...

 Cuando somos pequeños (gentucilla cabrona) nos da igual todo. Es el reflejo del soñador en miniatura. Esas ganas de vivirlo todo y exprimir cada minuto de nuestra corta existencia hacen de nosotros unos futuros soñadores o, por el contrario, nos condenan a vivir la vida por vivirla, sin luchar por nuestros sueños (protagonistas siempre).

Esa (triste) condena de vivir la vida por vivirla la podemos ver reflejada en muchas personas hoy en día. No hace falta girar mucho la cabeza para darse cuenta quien vive "viéndolas venir" o quien vive luchando por alcanzar una meta, por difícil o imposible que parezca, porque esos soñadores son los que realmente alcanzarán el término "vida" en su plenitud. Esa vida, bajo mi (humilde) punto de vista, es como una barra de objetivos. Conforme vamos cumpliendo sueños e ilusiones se va llenando como si de un termómetro en agosto se tratara. Esa barra, para un soñador jamás estará llena, al contrario que para una persona del otro tipo, quien la verá llena nada más proponérselo.

Yo estoy muy contento por no tener esa barra llena, porque significa que sigo soñando más allá siempre, que no hay que retirarse ni dar nada por perdido, porque lo importante de todo es cómo veamos esa barra, y yo, en este momento, la veo medio llena.




Y todo era reír y correr vestido de indio o de vaquero...

(Para aquellos soñadores y soñadoras que luchan porque esa barra se llene...)

Ni fama ni dinero por noches haciendo ruido en un local...

Hace unos meses recibí una llamada. En ella me decían que Apología, el grupo en el que (des)toco esa cosita con seis cuerdas, había sido seleccionado para tocar en Wolfest Alicante, un festival-concurso en el que participaríamos con otras 11 (geniales) bandas. Aquel 21 de Julio, cuando yo estaba en unas termas en la (galleguiña) ciudad de Ourense, nunca se me olvidará. La incredulidad de que algo así había sido posible me invadía todo mi cuerpo (en bañador en ese momento) y los que estaban a mi alrededor (en la ardua tarea de monitorear chavales de 9 y 10 años) me dijeron que mi cara era de entusiasmo total.

En eso consiste la vida. En que, cuando los sueños se cumplen, no nos lo creamos. Estamos tan acostumbrados al fracaso, al caer y levantarse, al golpearse siempre con una pared, que no somos capaces de reaccionar ante el triunfo, ante el cumplimiento de nuestros sueños. Yo no fui distinto, no supe reaccionar. De hecho, hasta que anteayer no vi el cartel diseñado por la organización no me lo empecé a creer.

Por eso, desde mi humilde y barato (gratis) rincón en la red (no de peces) os animo a cambiar el chip, a acostumbrarnos a triunfar. Siempre decimos: estoy acostumbrado al fracaso, así cuando llegue el objetivo me alegraré todavía más. Eso no es así, ya que cuando llegue el triunfo no sabremos reaccionar y la incredulidad, la misma que me invadió llevando unas chanclas puestas, será la protagonista de nuestro mágico momento.




Ni fama ni dinero por noches haciendo ruido en un local...


miércoles, 14 de septiembre de 2011

Que sigamos siendo socios en lo de soñar despiertos...

Un día puede comenzar de mil y una maneras: nublado, soleado o esos días que parece que el cielo (grisáceo como él solo) se te vaya a caer encima. Pero hoy era distinto. El día amanecía caluroso como el que más (así es siempre la ciudad levantina), el despertador ha jodido muy pronto, las calles no estaban todavía puestas, pero era el momento de pasar por el agua, chapa y pintura.

Tras muchos trámites con la (des)administración pública, inscripciones, papeleos y demás asuntos de esos que parecen algo interminables; llegaba el último rato de vacaciones con mi "genial" soñadora. Que sus últimos minutos de vacaciones veraniegas (así como muchos más durante estos meses) los haya querido pasar conmigo, me hacen llegar a una conclusión: que está completamente loca.

Pero como decía ayer, es la locura que nos caracteriza a los soñadores. El pasar aunque sea media hora (algo más) con alguien a quien quieres, te hace ver eso: que la vida es menos jodida, que en los momentos de bajón (o subidón) es necesario ese "abrazo suicida" que damos de manera especial a la gente que de verdad queremos. Desde aquí, os recomiendo que paséis vuestras últimas horas de vacaciones con la persona a la que queráis dedicarle ese momento, porque, a esa persona, le haréis sentir muy(super) afortunado.



Que sigamos siendo socios en lo de soñar despiertos...

martes, 13 de septiembre de 2011

Ojalá que me despierte y no busque razones...

Son en esas mañanas en las que nos preguntamos si todo lo vivido hasta esa noche anterior es real o simple(y llana)mente es un sueño. Pero, cuando se es feliz, ¿qué diferencia real hay entre una cosa y otra? Cuando cumples sueños, estás viviendo una realidad, una realidad que siempre has deseado, y ese deseo es lo que, comunmente, llamamos vida.

Hay gente que no sabe lo que es un sueño, ni lo que significa vivir. Estas personas son así porque quieren (grandes perdedores). Pero, ¿quiénes somos el resto de personas para juzgar esta forma de vivir? ¿Son realmente perdedores? Bajo mi punto de vista sí lo son, pero porque yo disfruto siendo un soñador (de grande sueños, todo sea dicho). Por el contrario, estas personas creerán que yo soy el perdedor por no vivir de la manera más cómoda.

En esto consiste todo en nuestra vida. Hay posibilidad de que haya dos opciones (gracias a Dios o a quien sea) de vivirla, y seguramente haya más. Pero lo que yo tengo claro es que lucharé siempre por seguir soñando, porque yo, sinceramente, estoy profundamente enamorado y enganchado a los sueños, y aunque respete la "otra" manera de vivir, nada me hará cambiar.


Ojalá que me despierte y no busque razones...

(Para la "genial" persona que me convenció para soñar...)

Pasa las noches en vela...

Todos hemos hecho alguna locura por conseguir un sueño o un objetivo. El velar por las noches es algo habitual en la vida de algunas personas (las mejores). Gracias a este velar se conocen muchas gentes que les gusta más la noche que el día, más el frío que el calor y más la compañia que la (puta) soledad. Es probable que cueste habituarse a estos horarios tan (in)tempestivos.

Hace unos meses, en mi constante velar nocturno, pude entablar conversación con alguien que por entonces era sólo un amigo más, y me di cuenta de que era del club de la gentucilla buena, de los que saben sacarte una sonrisa cuando más lo necesitas. Es por ello que, hasta en los momentos más raretes o menos frecuentados por la gentuza a la que quieres, puedes conocer a grandes veladores y soñadores.Y en estos largos y largos paseos nocturnos (palabra acabada en "no" cuando debería ser "sí") es mejor tener una persona siempre al otro lado del ordenador o a tu lado, para cuando te retires a tus preciados aposentos con sábanas, sepas que no lo haces realmente sólo y que, por fin, el velar tiene sentido de verdad.

Hay ilusiones que son para cumplir y sueños que son para luchar por ellos, como alguno que se cumplirá el verano que viene, y muchos más que cumpliremos durante muchos años.


Pasa las noches en vela...

(Para mi compañero de las noches en vela del mes de marzo-abril...)

lunes, 12 de septiembre de 2011

Suelo escribir mis penas en papel...

Hay cosas que parecen estar hechas para nosotros, pero una vez te aproximas a realizarlas (o degustarlas) te das cuenta que eso no es para ti. Hay que ir sabiendo dónde, cómo y cuándo (tres de las famosas cinco "w" del periodismo) sobramos o debemos cerrar un ciclo. Este año he tratado abrir nuevos círculos, que no se cerraran algunos. Aunque las dos cosas han sido una dura (y merecida) tarea.

La primera de las dos ha sido la más rodada, la que ha hecho de este año un gran (grandísimo) año. He conocido a gente estupendísima, he podido descubrir gente que me ha llenado con su forma de ser y, sin duda, el vacío que tenía, se ha ido llenando. Porque hay gente que te demuestra que te quiere sin apenas conocerte (benditos arriesgados). Un riesgo recomendable (no siempre). Porque por conocer a gente que no sabes nada de ellos o ellas, no perdemos nada. Y siempre puede salir algo muy bonito de ahí.

Por eso, en esta (cutre) reflexión de un 12S cualquiera, un 12S en el que he terminado la selectividad y con ello doy por terminado mi curso 2011 y mi bachillerato, sólo quiero decir que hacer examenes te da tiempo para pensar y distraerte entre problema y cuestión de física y darte cuenta de que es lo que está hecho para ti de verdad.



Suelo escribir mis penas en papel...

Estudia una carrera, vete a la capital a progresar...

Salgo de la universidad, ese lugar frío (no por su temperatura) que me recuerda lo que todo el mundo piensa de que para ser alguien de provecho (que no prov-hecho) has de estudiar una carrera. Hay mil y un caminos, pero desde pequeños nos han inculcado la idea (que no acertada) de que todo tiene que desembocar en la universidad, que tenemos que llevar traje o bata.

Este último mes me he dado cuenta de la poquísima gente (casi inexistente) que de verdad sabe ver más allá. Esa gente luchadora de sueños, que batallan y batallan por conseguir un objetivo. Siempre he querido ser una de esas personas, pero es difícil cuando te faltan apoyos. Estas últimas semanas me marcó una frase (bendita ella) que decia: "Lucha por tus sueños, tú sólo sabes qué es lo que de verdad quieres". Esas palabras fueron pronunciadas (o escritas, que esto de las redes sociales es muy moderno) por alguien que de verdad cumplirá sus sueños y todo lo que se proponga.

Muchas veces necesitamos oír palabras de ánimo, aunque no lo digamos. Necesitamos saber que hay un hombro en el que apoyarse, una mano a la que agarrarse y un cuerpo al que abrazarse. Gran problema éste de tener sueños. Aunque, sinceramente, no cambiaría nada para seguir soñando como hasta ahora. Y contradiciendo a un grande que decía que "los sueños, sueños son", para mi los sueños son objetivos que cumplir, y los sueños, aunque a veces parezca que no, se acaban cumpliendo.


Estudia una carrera, vete a la capital a progresar...

(Especialmente dedicado a mi "genial" soñadora)

domingo, 11 de septiembre de 2011

Siempre dispuesto para alegrarte el día...

Termina otro día, un día que definiría como absurdo. Uno de esos días en los que hace falta un abracito de los buenos. Uno de esos días en los que la soledad te invade tanto por fuera como por dentro. Sin ganas de muchas cosas ni de muchos trotes (o galopes). Cuando tienes la sensación de que todo va bien, es cuando más dudas de si esa felicidad (¡bendita sea!) es real, o sólo una invención de tu mente / corazón, según la melancolía presente ese día. Guardo esperanza que estos domingos absurdos algún día dejen de ser promesas perdidas de cambio de vida.

Pero todo tiene su parte positiva. Sentise solo durante el día y que llegue la noche y poder alegrarte hablando con esa persona genial que hace que los días sean un poco menos malos y que la vida sea un poco más fácil, sólo por el hecho de su existencia. Una gran persona para la que me sobran palabras de agradecimiento (prohibido).

Y al estilo de un texto expositivo (con sus 3 párrafos), quiero terminar esta entrada, la última de un día como el 11S, diciendo que la vida es una mierda, sí, pero es genial (grandiosa palabra en mi vida en estos últimos meses) restregarse en esa mierda y decirle al mundo entero, que sí, que eres feliz.


Siempre dispuesto para alegrarte el día...