jueves, 15 de septiembre de 2011

Y todo era reír y correr vestido de indio o de vaquero...

 Cuando somos pequeños (gentucilla cabrona) nos da igual todo. Es el reflejo del soñador en miniatura. Esas ganas de vivirlo todo y exprimir cada minuto de nuestra corta existencia hacen de nosotros unos futuros soñadores o, por el contrario, nos condenan a vivir la vida por vivirla, sin luchar por nuestros sueños (protagonistas siempre).

Esa (triste) condena de vivir la vida por vivirla la podemos ver reflejada en muchas personas hoy en día. No hace falta girar mucho la cabeza para darse cuenta quien vive "viéndolas venir" o quien vive luchando por alcanzar una meta, por difícil o imposible que parezca, porque esos soñadores son los que realmente alcanzarán el término "vida" en su plenitud. Esa vida, bajo mi (humilde) punto de vista, es como una barra de objetivos. Conforme vamos cumpliendo sueños e ilusiones se va llenando como si de un termómetro en agosto se tratara. Esa barra, para un soñador jamás estará llena, al contrario que para una persona del otro tipo, quien la verá llena nada más proponérselo.

Yo estoy muy contento por no tener esa barra llena, porque significa que sigo soñando más allá siempre, que no hay que retirarse ni dar nada por perdido, porque lo importante de todo es cómo veamos esa barra, y yo, en este momento, la veo medio llena.




Y todo era reír y correr vestido de indio o de vaquero...

(Para aquellos soñadores y soñadoras que luchan porque esa barra se llene...)

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