miércoles, 14 de septiembre de 2011

Que sigamos siendo socios en lo de soñar despiertos...

Un día puede comenzar de mil y una maneras: nublado, soleado o esos días que parece que el cielo (grisáceo como él solo) se te vaya a caer encima. Pero hoy era distinto. El día amanecía caluroso como el que más (así es siempre la ciudad levantina), el despertador ha jodido muy pronto, las calles no estaban todavía puestas, pero era el momento de pasar por el agua, chapa y pintura.

Tras muchos trámites con la (des)administración pública, inscripciones, papeleos y demás asuntos de esos que parecen algo interminables; llegaba el último rato de vacaciones con mi "genial" soñadora. Que sus últimos minutos de vacaciones veraniegas (así como muchos más durante estos meses) los haya querido pasar conmigo, me hacen llegar a una conclusión: que está completamente loca.

Pero como decía ayer, es la locura que nos caracteriza a los soñadores. El pasar aunque sea media hora (algo más) con alguien a quien quieres, te hace ver eso: que la vida es menos jodida, que en los momentos de bajón (o subidón) es necesario ese "abrazo suicida" que damos de manera especial a la gente que de verdad queremos. Desde aquí, os recomiendo que paséis vuestras últimas horas de vacaciones con la persona a la que queráis dedicarle ese momento, porque, a esa persona, le haréis sentir muy(super) afortunado.



Que sigamos siendo socios en lo de soñar despiertos...

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