Tras muchos trámites con la (des)administración pública, inscripciones, papeleos y demás asuntos de esos que parecen algo interminables; llegaba el último rato de vacaciones con mi "genial" soñadora. Que sus últimos minutos de vacaciones veraniegas (así como muchos más durante estos meses) los haya querido pasar conmigo, me hacen llegar a una conclusión: que está completamente loca.
Pero como decía ayer, es la locura que nos caracteriza a los soñadores. El pasar aunque sea media hora (algo más) con alguien a quien quieres, te hace ver eso: que la vida es menos jodida, que en los momentos de bajón (o subidón) es necesario ese "abrazo suicida" que damos de manera especial a la gente que de verdad queremos. Desde aquí, os recomiendo que paséis vuestras últimas horas de vacaciones con la persona a la que queráis dedicarle ese momento, porque, a esa persona, le haréis sentir muy(super) afortunado.
Que sigamos siendo socios en lo de soñar despiertos...
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