Tras algún que otro concierto uno de los miembros de nuestro grupo decide marcharse por no sentirse cómodo, dejando a la vez casi 7 años de amistad de lado. Estas pérdidas se convierten en grandes heridas sin cicatrizar, de cómo perder sin saber bien qué ha pasado y con la duda de si algún día sabremos los motivos. Estas heridas, cuando crees que por fin han conseguido empezar a supurar, te encuentras que todavía siguen bien abiertas, y las noches en vela por arrepentimiento (sin culpa alguna) vuelven a primer plano.
Entonces, ¿qué nos queda? ¿Ver cómo sangramos? Es una opción, porque ya quedamos el otro día en que olvidar no servía de nada, además de que es imposible. Lo que yo preferiría es que se curasen al cien por cien (o casi) y poder volver a sumar años a ese lustro y medio de amistad. Lamentablemente, ese momento parece cada vez más lejano. Es una de las muchas "heridas del rock&roll"...
Heridas del Rock&Roll...