Qué dura es a veces la realidad, ¿no? O puede que sea un mero (y absurdo) invento de nuestra cabeza. ¿Y si todo fuera más fácil de lo que nos imaginamos nosotros? Siempre he tenido la teoría de que las cosas difíciles no existen. Llamamos difícil a aquello que no podemos (o que nos resignamos a no) hacer. La RAE (esos señores con traje que nos mandan sobre cómo debemos hablar o llamar a la "y griega" "ye"; 'ye que paxa') define la palabra difícil como algo Que no se logra, ejecuta o entiende sin mucho trabajo. Es decir, que si queremos hacer las cosas fáciles, tenemos que currárnoslo. En eso consiste la vida del soñador. En trabajar hasta encontrar las cosas, hacer el camino (a veces tan empedrado) cada vez más fácil, pasito a pasito. Cuántas veces, después de hacer un examen nos hemos puesto la excusa de que era muy difícil y sabíamos que habiendo estudiado más lo habríamos sacado con la gorra. Los obstáculos para todo nos los ponemos nosotros, por lo que es más que sencillo superarlos.
Así que desde mi renacido (pero igual de oscuro, aunque precioso) lugar en la red (que no de pescadores) os animo a quitaros la venda de los ojos, a dejar de poneros obstáculos. Como dice Albert Espinosa, hombre al que admiro (y no sólo por su maravillosa y perfecta Pulseras Rojas), "las pérdidas siempre pueden ser ganancias". Por hoy ya está bien. Os dejo con esa frase. Si me equivoco, podéis insultarme, y si llevo razón me amáis hasta que no podáis aguantaros.
Ya es 2013 (sin mal fario alguno). Es 2 de enero y gracias a las palabras de 3 gentuzas la noche de nochevieja (más joven que nunca), me decido a retomar mi actividad en este espacio tan personal y tan particular (parti-sonal si juntamos las dos palabras) que tantas alegrías y desahogos me trajo en el pasado. Año y dos meses de ausencia, catorce agrupaciones de 30 días que han dado para mucho, y creo que va siendo hora de ir soltándolo en este proyecto que inicié como consejos para soñar (eso sí que es una ardua tarea).
El 21 de diciembre del 2012 (ya el año pasado) todos, incrédulos y crédulos, soñadores y desgraciados, guapos y más guapos, teníamos dentro ese algo (espero que no fuera esperanza) de que ese día podíamos irnos definitivamente a la mierda. Esa sensación de "por si acaso" que nos invadió a todos yo la miro desde el lado positivo, ya que por primera vez en muchísimo tiempo todo el mundo, todo el planeta, estábamos unidos por unas predicciones (o interpretaciones, que no toda la culpa tiene que ser siempre del escritor) absurdas que decían que todo se iba a reiniciar.
Nos unimos, sí, pero por algo negativo. ¿No sería más bonito unirnos por lo positivo? Una unión sin miedo a nada, una unión de optimismo. Para el soñador siempre quedará esa esperanza de que eso suceda algún día. El soñador vive por y para sus propios sueños (en estos casos hay que ser egoístas), y uno, indiscutiblemente y siempre(mente) debe ser el estar unido al resto. Un sueño es sueño por la gente que lo forma, y no por el sueño en si.
Afortunadamente (para la mayoría), no nos fuimos a la mierda, aunque todos teníamos la duda de tomarnos las 12 uvas (salvo atragantamientos) y de recibir el 2013. Pero aquí estamos y aquí estoy. Seguiré con la guía de soñar, de cumplir sueños, de que os sintáis identificados (o queráis escupirme).
Ah, y seguiré sin despedirme, porque aunque tarde 14 meses en seguir escribiendo (prometo que lo haré bastante a menudo), estaré por aquí.
Allá fuera el mundo está muy feo, a punto de colapsar