domingo, 18 de septiembre de 2011

Para que lo que nos costó tanto no se llegue a romper...

Amistad. Una palabra entre miles. Siete letras que pueden contener tanto (y a veces tan poco). La vida de un soñador tiene que contener sin excepción la palabra amistad. No se puede soñar sin tener apoyos, gente que te recuerda que eres capaz de hacerlo (como decía en la anterior entrada), gentuza maravillosa que te ayude a levantarte cuando te caes, que sepan cuándo ayudarte y que te agarren de la mano cuando más lo necesites.

Esto último es lo que todos necesitamos: alguien a quien agarrarle la mano. En momentos de miedo, de cariño o de sufrimiento, no hay nada mejor que esa mano que te conduce por el camino correcto y evita que te caigas a un gran foso, esa mano que te recuerda que no estás solo, esa mano que agarras con fuerza con cuatro dedos y la palma, porque el pulgar nunca encuentra su sitio.

Una buena ocupación para ese pulgar, cuando alguien nos ofrezca su mano, es moverlo por la mano de la otra persona, porque así le haremos saber que nuestra mano está también a su disposición siempre, porque el camino es mas fácil si se tiene una mano a la que agarrarse (fuertemente). Desde aquí os animo a agarraros fuerte de una mano y a seguir por el camino soñando cada día más y más fuerte.



Para que lo que nos costó tanto no se llegue a romper...

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